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Apego y Dependencia | QuiereteMilVecesMas

Libérate del apego y disfruta de la libertad

El apego o la dependencia mantienen prisioneras a muchas personas en su propio mundo y en su propia relación, principalmente porque convierten lo que tendría que ser un deseo a un ser querido o a algo en una necesidad, es decir, en algo vital para su supervivencia. Y si llegamos a ese punto de considerar que sin esa otra persona o cosa no podemos vivir, en realidad lo que estamos haciendo es darle el mando de nuestra toma de decisiones a nuestro cerebro reptiliano, ese tercer cerebro que desde el hombre primitivo nos ayuda a sobrevivir en situaciones de peligro.

Si nuestra nave la gobierna en todo momento nuestro cerebro reptílico, no habrá espacio para lo racional (Neocortex) ni para el control de las emociones (sistema límbico o cerebro medio), pues el cerebro reptiliano es 250 veces más rápido que, por ejemplo, el Neocortex.

Consecuencias del apego

Las consecuencias de tal confusión son: la infelicidad, vivir en una situación de sometimiento, degradación, tristeza, depresión, sensación de soledad, estrés, baja autoestima, poca auto-valoración, cansancio, indefensión, incapacidad, anulación de su personalidad, etc.

Bajo estas circunstancias, una separación de ese ser querido, ya sea por muerte, por cambio de residencia temporal, por viaje, etc., se hace casi imposible de superar, produciéndose un estancamiento en el ritmo de vida cotidiano y pudiendo ocasionar un trauma que dure toda la vida.

Inmadurez Emocional

Walter Riso, en su libro “Amar o depender”, considera la inmadurez emocional como el esquema central de toda dependencia o apego, porque, según dice, implica una perspectiva ingenua e intolerante ante ciertas situaciones de la vida, por lo general incómodas… Señala, igualmente, tres manifestaciones de la inmadurez emocional relacionadas con el apego afectivo: los bajos umbrales para el sufrimiento, la baja tolerancia a la frustración y la ilusión de permanencia.

De la misma manera, Walter Riso considera que la “súper sustancia” que motiva el apego es la combinación de bienestar y seguridad, de acuerdo con la historia personal afectiva, la educación recibida, los valores inculcados y las deficiencias específicas de cada cual.

Es del todo normal que ante una pérdida o separación de un ser querido, sientas tristeza, pena, soledad… Estas emociones son justificables dentro de tu proceso mental, y con tiempo y lugar para experimentar esas emociones lograrás poco a poco superarlo.

Todo fluye

Por buscar una metáfora que lo ilustre; es como si estuvieras bañándote en la playa y sin que te dieras cuenta te cae una ola gigante que no esperabas y te sepulta temporalmente, en ese momento te sobrecoges y tardas unos segundos en reponerte, casi te quedas sin aire…, pero pasado unos instantes te recuperas y recuerdas lo sucedido con tranquilidad. Decía el filósofo griego Heráclito de Éfeso (540-480 a.c.):

“Todo fluye. Todo está en movimiento y nada dura eternamente. Por eso no podemos descender dos veces al mismo río, pues cuando desciendo al río por segunda vez, ni yo ni el río somos los mismos…”

La reflexión de Heráclito es más extensa, pero si nos quedamos con ese párrafo caeremos en la cuenta de que vivimos en un mundo donde nada es para siempre, todo está en continua evolución, y nosotros no podíamos ser menos, aunque en el caso de las personas contamos con un factor que puede limitarnos e incluso bloquearnos, nuestro pensamiento.

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Pensamientos

Si en un momento determinado estamos estancados es debido a nuestro pensamiento, a la valoración que hacemos de la realidad, pero no a que seamos intrínsecamente incapaces, o sea, que por naturaleza no somos incapaces, son nuestras creencias y nuestra forma de pensar la que nos limita.

Te voy a poner un ejemplo de algo que me ha ocurrido y me ha hecho experimentar la limitación de mi pensamiento: Salvo que surja algún inconveniente, todos los días al ponerse el sol me voy a caminar un par de horas por el campo (vivo en una zona rural), pues bien, hay un punto del camino en que comienza una pequeña pendiente de unos 100 metros, cuando estoy cerca de esa pendiente comienzo a pensar que me va a costar subirla y que cuando llegue arriba estaré bastante cansado, y así resultaba cada vez.

Un día, antes de llegar a la pendiente, recibí una llamada en el teléfono móvil, era de un amigo y la atendí mientras seguía caminando. Cuando terminé de hablar con mi amigo me di cuenta de que, mientras hablaba, había subido la pendiente e incluso estaba unos 30 metros más adelante. En ese momento noté algo muy extraño, no estaba especialmente cansado, más bien estaba casi normal, respiraba con tranquilidad y no me había dado cuenta de que subí la pendiente, y además hablando.

Me quedé unos instantes reflexionando sobre lo ocurrido, y llegué a la conclusión, que ahora comparto contigo, de que nuestra fuerza y nuestra capacidad son enormes, y sólo nuestros pensamientos nos limitan a la hora de emplearla. ¿Te ha ocurrido algo parecido a ti? ¿Qué conclusión sacas tú? Cuando llego ahora a la pendiente lo hago con más decisión, seguridad y motivación.

¿Qué hacer?

Esto que te he contado es indicativo de que tienes la fortaleza suficiente para poder salir de cualquier situación de dependencia, prestándole más atención al presente, a tu naturaleza y menos a tus pensamientos. En cualquier caso, te propongo algunos puntos que pueden ayudarte a superar ese apego o dependencia:

  • Siente lo que sientes. Busca un momento de tranquilidad y experimenta en tu cuerpo, con todos tus sentidos, esos sentimientos, sensaciones y emociones que percibes. No ignores tus emociones, al contrario, préstale atención: si estás triste siente la tristeza, si reconoces inseguridad siéntela también… El asumir conscientemente lo que te está ocurriendo te ayudará a sobrellevarlo y poquito a poco te aumentará la autoestima.
  • Siente lo que eres. Ahora toca sentir esa fortaleza interior, sí, limitada de momento por tus pensamientos, pero intenta ser consciente de que está dentro de ti. Para ello recuerda algún momento en tu vida en que lograste algo grande, o incluso que estabas motivado ¿cómo te sentiste? Si lo lograste en esa ocasión ¿Por qué no ahora? ¿Qué te limita?
  • Siente en compañía. En momentos como esos tenderás a buscar la soledad, pues bien, un poquito vale, pero apóyate en la gente que conoces y sabes que te comprenderán; tus vecinos, tus amigos, tu familia… Ríe con ellos.
  • Redacta tu Misión y tu Visión. Tener una Misión y un propósito es primordial para no perder el rumbo ni perder de vista lo importante. En este artículo anterior te he mostrado cómo construirla, pero si aun así no sabes cómo, escríbeme y te ayudaré.
  • Valora lo que tienes. Mira a tu alrededor: la naturaleza, las personas, las cosas, el sol, las nubes, el olor, el campo, la playa, la música, la risa, los colores, los pájaros, los peces… Todo está ahí, quizás antes no te dabas cuenta, disfrútalo lo que puedas.

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Guía de Coaching

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